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Antes del Bristol


Patricio Peralta Ramos había fundado Mar del Plata en mil ochocientos setenta y cuatro, así como el primitivo puerto de Laguna de los Progenitores. Allá existía desde hace un tiempo un saladero, del que se encargó el empresario vasco Pedro Luro, quien velozmente empezó a delinear planes más ambiciosos, y adquirió la mitad de las tierras del reciente loteo. Poquito a poco empezó a formarse un naciente poblado con un puñado de viviendas veraniegas, que sería visitado por el gobernante de la Provincia de la ciudad de Buenos Aires Dardo Rocha en mil ochocientos ochenta y tres, llegado en una embarcación y obsequiado por los vecinos. Quedó encantado con el primitivo balneario y sus playas, y prometió empezar gestiones para extender al rincón una línea de telégrafo y el ramal del Tren del Sud que llegaba hasta el pueblo de Maipú. Las gestiones de Rocha con William Moores, el directivo de la compañía, fueron triunfantes y de esta forma fue que el veintiseis de septiembre de mil ochocientos ochenta y seis se inauguró la estación ferroviaria de Mar del Plata.


Pedro Luro improvisó un primer establecimiento llamado Grand Hotel, que se vio desbordado de forma inmediata en esa temporada 1886/1887. De ahí que, en mil ochocientos ochenta y siete su hijo José Luro formó la Sociedad Anónima Bristol Hotel, así como su cuñado Gastón Sansinena, Ernesto Tornquist, Adolfo Dávila y otros; con la meta de regentar un alojamiento a todo lujo, reservado para las familias de la elite gobernante y dueña de extensas estancias en la Provincia de la ciudad de Buenos Aires, enormemente enriquecidas por el llamado modelo agroexportador.


Primeros años y apogeo

Hotel Bristol a fines del siglo XIX

El Bristol Hotel fue construido de manera veloz, y ya era estrenado el ocho de enero de mil ochocientos ochenta y ocho, ocupando la manzana entre las presentes calles San Martín, Entre Ríos, San Martín, Corrientes y Rivadavia. Una muchedumbre de cerca de doscientos cincuenta personas había partido de la ciudad de Buenos Aires la noche precedente, tomado el tren en la terminal de Plaza Constitución. Al acontecimiento concurrieron exactamente el mismo Dardo Rocha, el vicepresidente Carlos Pellegrini, el gobernante Máximo Paz, el expresidente Bartolomé Mitre; e inclusive una vieja versión aseguraba que estuvo presente Nicolás Romanov, futuro último zar de Rusia. El núcleo original del Bristol era un edificio de estilo anglo-normando, una estructura tipo pan de bois con tejados con pizarra, que sumaba sesenta y siete habitaciones.

Comedor del Bristol Hotel, ya antes de la última ampliación que añadió un tercer pabellón sobre el jardín (ca. mil novecientos veinte)

Cruzando la futura calle Entre Ríos, se edificaron desde mil ochocientos noventa el comedor y los salones de baile. Se hallaban en un edificio independiente, que se fue ampliando consecutivamente hasta llegar a ocupar una manzana completa, con pabellones distribuidos en forma de "O bien", encerrando un jardín abierto para el esparcimiento. En los próximos años, el ámbito de servicios quedó conectado con las cabañas a través de 2 pasajes subterráneos. Se convertirían quizá el ámbito más legendario del hotel por sus dimensiones, su decoración fastuosa y sus menúes preparados por chefs franceses. El conjunto contó con suministro eléctrico generado por una usina ad hoc, y en mil ochocientos noventa y nueve ya tuvo su central telefónica.


El éxito del establecimiento fue inmediato, por lo que de manera rápida se comenzó la construcción de ampliaciones, sobre los lados de las calles Corrientes, Rivadavia y San Martín. En una de las alas de la manzana del comedor, la de la calle San Martín, se estableció en sus primeros tiempos el Club Pueyrredón. José Luro sumó a los empresarios vascos Juan y José Lassalle que, asociados con Juan Etcheverría y Fermín Belloqui, abrieron en esos años el primer Casino Pueyrredón, en el ala perteneciente a dicho club, y empleando a croupiers franceses. En mil ochocientos noventa y nueve fue agregado un edificio anejo de sobrio estilo francés, con planta baja y 2 pisos, cuyas habitaciones estaban pertrechadas con baño en suite. Esta construcción fue ampliada en mil novecientos diez, llegando a tener 4 pisos de habitaciones.


En febrero de mil novecientos ocho, en el Hotel Bristol, los turistas de la elite conformaron una comisión encabezada por Ana Elia de Ortiz Basualdo, que juntó fondos para la construcción de la futura Iglesia Stella Maris (patrona del mar). En mil novecientos nueve, la ampliación del comedor fue encargada a los arquitectos Guillermo Harper y Roberto Harrison Lomax. En el trascurso de la década de mil novecientos veinte, el comedor fue de nuevo ampliado, agregándose un tercer volumen ocupando el enorme patio central. En mil novecientos veintiseis, los señores Lasalle y Echeverría dejaron el Casino que funcionaba en el ala del Club Pueyrredón.


Decadencia y cierre


Con la difusión del vehículo en los principios del siglo veinte, los ocupantes del Bristol Hotel empezaron a abandonarlo y edificar sus viviendas en la Loma de Stella Maris, transformadas en símbolos de pertenencia al cerrado círculo de pocas familias. Mas se apunta a la Gran Depresión (mil novecientos veintinueve) como punto que marcó el áspero final del turismo de clase alta y el inicio de la llegada de la clase media al ya antes exclusivo balneario, que se aceleró de manera rápida desde mil novecientos treinta y ocho por la pavimentación de la Senda dos.


El Bristol subsistió la próxima década perjudicado por una fuerte decadencia, debido al brusco cambio de campo social que frecuentaba Mar del Plata en verano. Las familias de la clase alta, ya antes extremadamente enriquecidas, debieron enfrentar serias pérdidas, habitualmente la quiebra.


El hotel efectuó su última gran cena el dieciseis de junio de mil novecientos cuarenta y cuatro. Después del cierre, la inmobiliaria Peracca sociedad anónima se ocupó de la subasta del moblaje, ornamentos y otros objetos, extendida a lo largo de 8 semanas sucesivas durante ese año. Asimismo se subastaron los 3 edificios del Bristol (habitaciones, anejo y comedor-salones), adquiridos por diferentes inmobiliarias y constructoras. Los 2 primeros fueron de forma rápida demolidos para la construcción de edificios residenciales de propiedad horizontal, mas el campo del comedor y los salones subsistiría 2 décadas más.


Galería Bristol y demolición


Así, la manzana con los 4 pabellones que alojaban al comedor y los distintos salones fueron transformados en la Galería Bristol. Los extensos espacios internos fueron subdivididos, y se edificaron nuevos techos para acabar de cubrir el viejo patio. De esta forma, el ya antes suntuoso edificio acentuó su deterioro y quedó tapado por una profusión de carteles promocionales. De forma provisoria, en mil novecientos cincuenta funcionó en los salones del comedor el Banco de la Provincia de la ciudad de Buenos Aires, mientras que se edificaba su nuevo edificio en el rincón de San Martín y Córdoba. Para la década de mil novecientos sesenta, la galería era explotada por la firma Galería Gran Central Empire State, y constaba de siete mil quinientos metros cuadrados cubiertos, distribuidos en cuarenta y dos locales externos, treinta y ocho internos, veinticuatro stands y 3 cines.


Pero los días del arruinado complejo estaban contados, y por último fue rematado. Recuerda el diario local La Capital:


Los ficheros periodísticos de La Capital acreditan que desde agosto de mil novecientos sesenta y cuatro -cuando, remate tras remate, proseguía en pelea la propiedad de la manzana- había tomado estado público el proyecto original referido a la construcción de un edificio torre de treinta pisos. E inclusive se ofrecían detalles concretos:

Torre central del inacabado Bristol Center

Hubo una segunda subasta mas fue seguida por un juicio de ejecución hipotecaria que condujo a un tercer remate, que se efectuó el veintitres de julio de mil novecientos sesenta y seis. En esa ocasión, la firma Atarasico adquirió el inmueble en cien millones de pesos.


El nuevo proyecto sería controvertido, por sobrepasar sobradamente la altura máxima tolerada para las edificaciones de la franja ribereña. En mil novecientos sesenta y nueve, empezó la promoción en diarios y gacetas del futuro complejo, cuyo nombre fue anunciado como Bristol Center. Fue llevado adelante por las firmas Fundar SA y Edificar SA, las dos propiedad del empresario David Graiver. El complejo fue construido desde mil novecientos sesenta y nueve por etapas, en tanto que serían 3 torres y un enorme centro cultural y comercial, y la obra se extendió a lo largo de la primera mitad de la próxima década. El último campo del viejo comedor fue destruido en el mes de agosto de mil novecientos setenta y cuatro. Después de la discutida muerte de Graiver en un accidente aéreo, una vez comenzada la dictadura militar de mil novecientos setenta y seis, el proyecto quedó suspendido y se empezó otra historia, marcada por las demandas judiciales de los dueños que jamás llegaron a percibir los departamentos comprados. Al día de el día de hoy, el fracasado Bristol Center sigue inacabado.


El ocho de enero de dos mil tres —Día del Veraneante— en el ciento quince aniversario de la inauguración del Bristol Hotel, la Municipalidad de General Pueyrredón puso en la galería del Bristol Center una placa conmemorativa del acontecimiento, honrando a los impulsores del establecimiento.


El núcleo original del Bristol Hotel estrenado en mil ochocientos ochenta y ocho, sería conocido con el paso del tiempo como "la casa vieja", y era un edificio de cuarenta y cinco metros de largo por veintiocho metros de profundidad, desarrollado en 3 plantas con sesenta y siete habitaciones. Conforme ciertas fuentes fue obra de los arquitectos Harper y Harrison Lomax, a juzgar por el estilo usado, de influencias anglo-normandas. La planta baja era de mampostería, con arcos de medio punto que se repetían con regularidad durante la testera. Los 2 pisos de arriba estaban efectuados con la técnica pan de bois: estructura de madera, con entrepaños de ladrillo. Los techos, con múltiples mojinetes, eran de pizarra. El frente primordial, mirando cara la costa, tenía en su remate 2 torres de planta cuadrada con remates piramidales.


Más tarde, se añadirían otras construcciones del mismo estilo y técnica edificante, si bien de menor calidad a juzgar por el empleo de materiales como la chapa para el recubrimiento de los techos. Los nuevos pabellones irían cerrando la manzana completa, situados sobre las calles Corrientes, Rivadavia y San Martín y construidos conforme aumentaba la demanda con los años.


El gran comedor tenía unos cuarenta metros de largo, y sus cielorrasos estaban decorados por artistas franceses con preciosos paisajes, ángeles y angelitos (querubes), bailes regionales, fuentes y pagodas chinas. El entorno estaba alumbrado por luz natural a través de dobles filas de ventanas, que desde el exterior se veían como 2 plantas separadas. El primitivo comedor estaba sobre la calle Entre Ríos, enfrentado calle por el medio con las habitaciones, y contaba con una pequeña galería exterior de madera techada, que dejaba desayunar al aire libre y descansar en el exterior mirando al mar.


Los muebles que usaban los escaparates de la Galería eran de caoba o bien roble americano, fabricados en Inglaterra por la firma Thompson & Cía., los mármoles de Carrara de Italia; y los bronces y artesanías de Francia y ni charlar de lo que eran las vajillas y platerías, arañas de cristal de Bacarat y cristal de roca, alfombras persas.


Inmediatamente después de la inauguración del comedor, empezaron las consecutivas ampliaciones por etapas que lo llevaron a tener en la década de mil novecientos veinte una planta en formato de letra Y también. Se trataba de un conjunto de construcciones de influencias italianas y francesas, de poca armonía y carentes de unidad por haber sido construidas conforme las necesidades durante los años de gloria. Sobre las esquinas de la calle San Martín con Entre Ríos y Bulevar Peralta Ramos se hallaban 2 torres con bóvedas de pizarra.


Edificio Anexo


En la Manzana ciento dieciseis, de la vereda sur de la calle Rivadavia entre Entre Ríos y Bulevar Peralta Ramos, se edificó cara mil ochocientos noventa y nueve el anejo con las habitaciones en suite del Bristol, más costosas que las del edificio original, que habían quedado desactualizadas. El nuevo edificio era de estilo academicista, combinando detalles de la arquitectura italianizante con una mansarda de repercusión francesa, coronada por 3 volúmenes más altos que jerarquizaban las 2 ochavas y la entrada primordial.


Allí los huéspedes tenían cocina, enfermería, servicio de mucamas políglotas las veinticuatro horas. La Planta Baja, el subsuelo y 2 pisos eran ocupados por el personal del Hotel. Arriba del comedor estaba la Sala de Juegos. Asimismo tenía Sala de Lectura y un Salón enorme de Baile con escenario y los pisos superiores eran de lujo, dispuestos para percibir a los grandes artistas, políticos y personalidades internacionales.


Hacia mil novecientos diecinueve, el Edificio Anejo fue ampliado. Se edificaron 2 nuevos pisos de habitaciones, y quedó conformado en una planta de forma cuadrangular, con 4 patios internos que asistían a brindar luz natural.


Por la calle Rivadavia estaban las cocinas, la enorme carnicería (donde entraban las reses enteras, a las que entonces los especialistas carniceros, bajo la mirada vigilante del Gran Cheff, se encargaban minuciosamente de cortarlas). Asimismo existía una panadería que generaba el propio pan, las masas finas y las facturas.


Recordemos que de aquellos caminitos de madera entre las casillas, después la de los paños enramblados, había nacido la conocida rambla, que hubo de ser reconstruida 5 veces a raíz de los violentos temporales que la derrumbaban. Las consecutivas ramblas fueron escenario, a lo largo de años, de las más deliciosas costumbres de la alta sociedad porteña.Cruzando la calle, se levantaba un enorme puente de madera que asentaba su otro extremo en la rambla, que asimismo era absolutamente de madera. A la altura de la mitad del puente, en forma perpendicular, cara el sur, había una "montaña rusa", que hacía las exquisiteces de los peligrosos atletas.


Playa Bristol


Con la inauguración del hotel, la enorme cantidad de casillas de madera levantadas sobre la playa Bristol había empezado a unirse a través de una plataforma cubierta de toldos. Este fue el origen de la primitiva Rambla de madera, primera de Mar del Plata. El camino tenía unos 3 metros de ancho y estaba apoyado de manera directa sobre la arena. Sería destruido por un temporal en mil ochocientos noventa, y reconstruido reieradas veces hasta llegar a la Rambla Casino actual, estrenada en mil novecientos cuarenta y uno.


Un puente de unos ciento cincuenta metros de largo conectaba cara mil ochocientos noventa el ámbito del primer comedor con el balneario. Había un fuerte desnivel después del edificio, que ocasionaba que con las mareas altas y las lluvias, el agua se estancase y se formara una pequeña laguna. Después, con la inauguración de obras públicas que incluyeron el Camino General Paz (mil novecientos cuatro), los desequilibres fueron salvados y se abrió el presente Bulevar Peralta Ramos, avenida costanera.


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