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Marruecos

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Ciudades Fortificadas de Marruecos

Asilah / Arcila

Asilah se encuentra a poco más de 40 kilómetros de Tánger. Esta ciudad, puerto pesquero de pequeño tamaño, posee casas de puertas y ventanas azules, verdes y amarillas que contrastan bajo el brillante sol marroquí con el blanco de las paredes. Esconde en su interior un rico pasado histórico, ya que fue habitada por romanos, españoles y portugueses cuyos vestigios aún pueden admirarse en baluartes, torres y murallas. Su historia se remonta a 3.600 años de antigüedad, siendo quizá una de las más importantes de la Mauritania Tingitana. Sin embargo, su actual denominación la recibió durante el período de islamización de la ciudad. Unida a su importancia histórica, esta ciudad ha destacado siempre por su cultura y sus artes, de hecho, el Festival Internacional de Asilah atrae cada verano a miles de participantes de todo el mundo. Conciertos y espectáculos de danza y teatro, entre otros eventos, se suceden en la medina durante el periodo estival.

Las murallas de la ciudad fueron levantadas en el siglo XV y miran al océano por uno de sus lados. Tres puertas permiten el acceso a la medina. Una de ellas, Bab el-Bahar (puerta del Mar), domina la plaza de Sidi Ali Ben Hamdush. El Palacio de la Cultura, antigua residencia del Bajá Raissuni, de estilo hispanomorisco, se encuentra en la calle vecina y en él tienen lugar algunas de las manifestaciones culturales de Asilah. El paseo que bordea la playa lleva hasta un bastión que ofrece una vista del Atlántico, la ciudad vieja y un cementerio con tumbas decoradas con cerámicas.

Azemmour

A 100 kilómetros al sur de Casablanca, aparece la ciudad de Azemmour, rodeada de murallas de color ocre. En su paseo de ronda, una pequeña plataforma domina la desembocadura de las aguas rojizas del Oum er-Rabia, famoso por sus deliciosas alosas, la especialidad culinaria local. La medina es soberbia, con sus casas blancas y cuadriculadas adornadas de buganvillas que se escalonan en terrazas entre olivos y granados. Los portugueses habitaron la ciudad en el siglo XV y han dejado huella, entre otras cosas, en las puertas de las casas, en forma de arco con llaves esculpidas. Más abajo se encuentra el santuario de Moulay Abdallah Ben Ahmed, en cuyas puertas se descubre el estilo luso. Paseando a la izquierda se alcanza la kasbah con la Dar El Baroud, la Casa de la Pólvora. Su playa, Haouzia, a un kilómetro y medio del centro, ofrece una gran atracción y un verdadero placer, porque su temperatura ideal y sus frescos veranos hacen de esta playa una estación balnearia única en el mundo.

El Jadida

Las murallas de esta ciudad del océano Atlántico se extienden a lo largo de la playa de Sidi Buzid. En el siglo XVI, los portugueses expulsados de Azemmour y Agadir se establecieron en El Jadida, que la fortificaron a partir de 1542. Las murallas estaban compuestas por cinco bastiones. El Bastión del Espíritu Santo permite el acceso al pasep de ronda, que domina lo que aún se conserva de las fosas de la antigua fortaleza, mientras que el Bastión del Ángel brinda una magnífica panorámica sobre la ciudad y la Puerta del Mar. Los bastiones de San Antonio y San Sebastián protegen el sur de la ciudad, que alberga las casas nobles con pilastras y balcones de hierro forjado. El Jadida cuenta, en esta parte de la ciudad, con el único minarete pentagonal del mundo islámico. Otro sitio de interés es el aljibe portugués, que fue levantado en el año 1514 y que destaca por su arquitectura gótica. Durante 150 años permaneció oculto entre los escombros de la ciudad vieja, hasta su descubrimiento en 1916.

Safi

Safi es una ciudad industrial que basa su economía en las sardinas y en la minería principalmente. Esta ciudad fortificada, al oeste de Marrakech, debe sus murallas al reinado de los almohades, período en el que se desarrollaron ampliamente las actividades intelectuales, religiosas, arquitectónicas, artísticas y científicas, aunque obras tan importantes como la Zaouia de Cheikh Mohammed Saleh, la escuela científica y el hospital fueron destruidas posteriormente por los portugueses, por lo que es imposible contemplarlas.

Con la salida de los lusos en 1541 Safí volvió a vivir un periodo de prosperidad bajo el reinado del Sultán Saadiano Mohammed Cheikh. De esta época aún se conservan obras magníficas como la Gran Mezquita de la medina, las escuelas religiosas y científicas y la reconstrucción de la antigua medina. En la medina se pueden visitar dos fortificaciones: Dar el Bahar (frente al mar, del siglo XVI) y Kechla, que en la actualidad es una prisión. La Kechla, ciudadela edificada por los portugueses en el siglo XVI, ofrece una vista espectacular sobre los tejados de la medina, que descienden en cascada hasta el Atlántico.

Safi posee un famoso barrio (Quartier des Potier) dedicado a la alfarería. Este barrio se ve desde lejos por los hornos que asoman entre las casas. Aquí los artistas moldean originales piezas de arcilla. La ciudad cuenta con un importante Museo Nacional de la Cerámica, que guarda bellas muestras de la alfarería popular de Safi.

Además de visitar la medina y las murallas, son de interés también: el Castillo del Mar, construido por los portugueses en 1523, la antigua kasbah, construida por los Saadianos con sus tejados verdes, el Palacio de la Bahía, la torre redonda lusa, una iglesia portuguesa de estilo gótico y la antigua Medersa.

Essaouira

Essaouira es una preciosa ciudad amurallada del siglo XVIII. La antigua Mogador fue fundada en el siglo VII a.C. bajo el reinado de Jubal II, rey de Mauritania, y estuvo habitada por las tribus de Hahah y Chiadma. De origen cartaginés, fue ocupada por los griegos y por los portugueses, quienes dieron nombre a la ciudad y la desarrollaron urbanísticamente. En el siglo XVIII fue conquistada por los musulmanes, quienes le dieron su nombre actual. Allí tuvieron mucha importancia los judíos, que favorecieron el desarrollo de la artesanía y el comercio.

La parte moderna de la ciudad se remonta al año 1765, cuando el Sultán Si Mohammed Ben Abdellah la creó para competir con Agadir. Este encantador puerto, resguardado por unas sólidas murallas con vistas a una paradisíaca playa, da vida a una ciudad de una intensa vida comercial de la que no han podido retraerse personalidades de la talla del escritor Paul Claudel o el cineasta Orson Welles, que filmó en este lugar los exteriores de su popular Otelo.

Esta bella ciudad, con fama de ser la elegida por poetas y bohemios, es un lugar ideal para vivir, con una agradable temperatura media durante todo el año. Su playa se extiende sobre 6 kilómetros de arena fina y es frecuentemente visitada por los amantes de la pesca, ya que sus aguas son ricas en cangrejos, langostas, congrios y rayas, entre otras especies. Es una de las pocas ciudades que fue hecha sobre plano, por lo que recorrer sus zocos es bastante fácil. Destaca el Zoco de los Ebanistas, dedicado al cedro y la tuya, donde comprar un mueble o un tablero de ajedrez. Si desea comprar joyería, en la calle Sidi Mohammed Ben Abdallah encontrará las mejores muestras.

En primavera se celebra el Moussem de los Regragua, que consta de una peregrinación al monte Hadid. Es una de las fiestas más famosas de Marruecos. Allí se pasa por las tumbas de los Siete Santones, que fueron compañeros de Mahoma.

Sitios de Interés

Puerto

Está situado en el extremo de la playa y es todo un espectáculo contemplar los barcos y las redes dispuestos en los muelles. La Puerta de la Marina, erigida durante el sultanato alauita a finales del siglo XII, une los muelles de embarque del puerto y la ciudad. Desde esta puerta se llega, a través de un pequeño puente, hasta la Skala del puerto y las murallas, que dividen la ciudad en los distintos barrios, dos alcazabas, el mellah y una medina.

La medina

Callejuelas de mercaderes y plazas con terrazas y cafés moros (por ejemplo, la Plaza de Mulay el-Hassan y Bab el Sebaa) conforman esta parte de la ciudad, moldeada por marroquíes y lusos que mira atentamente hacia las intrincadas callejuelas que desembocan en la Plaza Bab el-Sebaa. Los joyeros y los orfebres se concentran en el callejón Siaguin, aunque ya no trabajan los materiales que antaño les hicieran famosos. Sin embargo, los artesanos de marquetería siguen hallándose en el mismo sitio que hace siglos, el lugar al que se accedía atravesando un pasadizo abovedado viniendo desde la Skala, la antigua plataforma de defensa de las murallas.

Museo de Sidi Mohammed Ben Abdallah

Rue Laalouj

Horario: abierto todos los días excepto los martes y los festivos, de 8:30 a 12:00 h. y de 14:30 a 18:00 h. Se encuentra en una antigua residencia palaciega que alberga las más variadas y hermosas muestras del arte marroquí. Destacan diversos documentos sobre las canciones beréberes e instrumentos de cuerda decorados con marquetería gembris, utilizados por los músicos gnaouas para acompañar sus bailes. No deje de ver las colecciones etnográficas del piso superior. Junto a este museo se encuentra el Museo Ensemble Artisanal dedicado a las obras modernas de la artesanía local.

El Mellah

Al norte de la ciudad La calle más popular del barrio judío o mellah es la calle Mohammed Zerktuni, rodeada por un pintoresco mercado que llega hasta la Bab Dukkala. Cerca de esta puerta encontramos un interesante cementerio europeo.

Islas Purpúreas y Mogador

Al sur de la ciudad Frente a la costa, se localizan dos islotes rocosos en los que se asentaron en la época romana fábricas de púrpura. De esa época también se conservan una villa ricamente decorada y una fortaleza. Las islas, conocidas como las Islas Purpúreas, sólo se pueden visitar con autorización oficial, pues están protegidas como reserva natural. Cuentan con una reserva ornitológica que alberga gaviotas y halcones. En la isla de Mogador permanecen las ruinas de una antigua prisión de finales del siglo XIX.

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