Historia
La derrota de Cartago en la última guerra púnica, se saldó con la destrucción de la ciudad lo que significó a posteriori el fin de la civilización fenicia y el establecimiento de un nuevo poder, el romano, que integró en su Imperio a Cartago y todas las ciudades y regiones que dependían de ella en una provincia que llamaron la Provincia de África. Las grandes posibilidades económicas de estas tierras; agricultura, industria y comercio, hizo transformar espectacularmente esta nueva Provincia. Creados de la nada o ubicados sobre antiguos poblados beréberes o púnicos, surgieron ciudades y aldeas que con la "romanización de África" se desarrollaron de tal magnitud que se convirtieron en el "granero de Roma". Y dicho de otra forma, estas ciudades acumularon tantas riquezas a raíz del abastecimiento con todo tipo de productos a la metrópoli Roma, que en ciertos casos pudieron ser rivales de otras ciudades de la península itálica en belleza, orden y majestuosidad. Con sus calles de planta octogonal atravesadas por dos grandes ejes que se cortan en ángulo recto a la altura del foro: el decumano y el cardo, con sus templos dedicados a las divinidades romanas (Júpiter, Juno, Minerva que constituyen la trilogía capitolina), sus termas, sus arcos de triunfo y las fastuosas mansiones, las ciudades africanas se renovaban continuamente. Todavía hoy se conservan testimonios espectaculares de este desarrollo: Cartago, Dougga, Maktar, Sbeitla, Thurburbo-Majus, Bulla Regia... Diversos eran los estatutos de estas ciudades: las colonias romanas y las ciudades municipio. Las primeras, gozaban más o menos de los mismos derechos que la capital del Imperio; mientras que las segundas se situaban en un escalón inferior por lo que sus habitantes estaban obligados a tributar los impuestos de los que estaban exentos los habitantes de las primeras.
Los procónsules, nombrado directamente por el Senado romano, eran los encargados de administrar los asuntos políticos de la Provincia de África, provincia cuyos habitantes se resistieron a olvidar por completo sus orígenes beréberes y fenicios. Cultural y religiosamente, las huellas del pasado seguían latentes. A pesar de que la lengua oficial y obligatorio su aprendizaje era el latín, se seguía hablando una mezcla de berebere y de púnico. Es más, algunas divinidades fenicias eran veneradas secretamente o camufladas bajo una apariencia romana. La decadencia del vasto Imperio Romano, se notó rápidamente en la Provincia de África que sufrió a su vez las divisiones políticas y territoriales, y con la aparición del cristianismo se hicieron mas débiles las señas de esta gran potencia que sucumbió finalmente ante el poder devastador de los vándalos primero del cristianizado poder bizantino más tarde.