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Según la leyenda, Tánger fue fundada por Anteo (atlas), hijo de Neptuno y la Tierra, poniéndole el nombre de su esposa (tingo) o el de su hija (tinga). Anteo fue muerto por Hércules, hijo de Júpiter. Su tumba se sitúa sobre una de las colinas de los alrededores de la ciudad, "la colina del charf".
Sobre Tánger florecieron los "Jardines de las Hespérides", donde sus árboles producían frutos de oro.
Otra teoría basa el nacimiento de Tánger a los habitantes de Candan, pueblo filisteo.
Una ciudad interesantísima para comenzar a descubrir Marruecos.
Por varias razones:
Está completamente remozada gracias a que el rey ha fijado su residencia en este lugar. Mucha gente habla español, así que el idioma te supondrá una ventaja. Recuerda que Tánger pertenecía al protectorado español hasta el 1956.
Está a 35 minutos en barco y, con suerte, verás cetáceos en el Estrecho.
Sentirás un choque cultural nada más salir del barco, en ese momento notarás si te gusta o no, y si te gusta seguro que vuelves a conocer otras partes de Marruecos, incluso por tu cuenta.
Si no te gusta, siempre puedes anticipar tu billete de vuelta, pero te recomiendo que pases una noche, por lo menos conocerás una nueva experiencia.
Es una ciudad segura si se toman ciertas precauciones elementales. Me atrevo a decir que existe un mayor control policial de protección al turista que el que tenemos aquí en España.
Probarás uno de los mejores tes a la menta que te puedas imaginar en el café Haffa.
Sentirás el ajetreo de los zocos..... y muchas vivencias más.
QUE HACER EN TANGER:
A la Medina hay que dedicarle tiempo, es obligado perderse un poco por ella, disfrutar de la vista de los puestos con enormes dátiles sobre cestas de paja y toda clase de frutos secos y especias; los perfumes; las lanas teñidas; la plata. Se trata de un laberinto sinuoso hecho de calles estrechas, escaleras y puertas que pueden esconder fastuosos interiores.
El marroquí es tremendamente hospitalario y amable y no hay que confundirlo con la caterva de dudosos guías y pícaros que te asaltan por la calle y de los que la Medina está especialmente surtida. En lo alto se encuentra la Kasbah desde donde dejar volar la mirada sobre Tánger: el puerto, la Gran Mezquita, la catedral española, las colinas. Si la subida le ha dejado a uno agotado y no quiere perder tiempo cogiendo autobuses, puede seguir el recorrido en un petit taxi.
Tal vez sería el mejor momento para acercarse uno al mercado Fondouk, cerca de la Rue de la Liberté. Hay que estar atento para no pasarse de largo la puerta, en cuyo interior de suelo negro y húmedo nos encontramos con todo tipo de puestos, sobre todo de fruta y verdura, y tanto aquí como en cualquier punto de Tánger complace la frescura de enormes cestos de menta recién cogida. Pero es en el piso superior donde espera la belleza de la artesanía tradicional y paciente.
La galería que recorre el Fondouk, completamente abierta a la luz, se reparte en pequeñas habitaciones también abiertas al visitante, cada una provista de un antiquísimo telar del que salen hermosas alfombras y chilabas. Como el mercado está muy cerca del mítico Hotel El Minzah, acaso sea el momento de pasarse por él para refrescarse, tomar un cóctel en la barra y después saborear una de las mejores comidas de todo el país. Al atardecer, cuando el sol comienza a declinar, no sería mala idea contagiarse del tradicional arte contemplativo del marroquí. Sin duda es la mejor hora del día para dejar vagar la vista alrededor mientras se saborea un té a la menta.
Para tal menester se puede elegir el Café Hafa, formado por terrazas escalonadas que parecen despeñarse desde la colina hacia un mar abrupto entre flores y arbustos y se puede, mientras se divisa, oír la llamada a la oración. O bien se puede optar por el también legendario Café de París, en la Place de France, donde los clientes, hombres en su mayoría, se pasan las horas mirando a los que transitan por la calle. No es de extrañar que, según cuenta la leyenda, fuese durante la Segunda Guerra Mundial centro de encuentro de espías de todos los países.
BAHIA DE TÁNGER
También son buenas playas para escaparse las de Cabo Espartel, al oeste, y Cabo Malabata, al este, que limitan la espléndida bahía de Tánger. Si uno se determina a ir a Cabo Espartel, lo hará por un camino bordeado de jugosa vegetación entre la que asoman villas y algunos palacios, y se encontrará con la inmensa, blanca y cegadora playa del Atlántico.
Andando por ella casi se podría llegar a Asilah, un pueblo que merece la pena conocer, aparte de por su maravillosa playa, por su vocación artística. No en vano, el mes de agosto está dedicado a exposiciones y conciertos. Allí se celebra todos los domingos por la mañana una curiosa feria de burros, un animal muy común en Marruecos.
Al visitante le sorprenderá la extraordinaria limpieza de su Medina y las llamativas puertas de las casas, a veces completamente achatadas, pintadas de distintos colores, y los murales. Para cerciorarse de que uno no se ha perdido dentro de un cuento infantil, lo mejor es irse a comer, si tiene suerte de coger mesa, al populoso Restaurante García, que le hará volver a la realidad. Y hay mucho, muchísimo más.
Tánger siempre está por descubrir.
¿Quieres tomarte un té en las playas vírgenes del Norte de Marruecos? ¿Quieres descubrir los secretos del Riff? ¡Pues enhorabuena! Ya están a la venta los billetes la nueva ruta de easyJet a Marruecos: Tánger, uno de los destinos más de moda de los últimos años por su increíble combinación entre tradición y modernidad, una ciudad dónde se detiene el tiempo y solo las olas del mar y las llamadas a la oración suenan en el cielo de la Puerta de África.Podrás volar a Tánger a partir del 1 de febrero desde 21,99 euros por trayecto (todo incluido)
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