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Egipto

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Luxor (Egipto)

La antigua Tebas, el moderno Luxor, son las dos caras de una ciudad mítica, un museo al aire libre que guarda el recuerdo de los grandes faraones como pocas ciudades de Egipto.

En una orilla del río, la vida, los grandes templos dedicados a Luxor y Karnak, en la otra, el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas, la vida del oriente y la vida de ultratumba de occidente. Los templos de Hatshepsut, Karnak y Luxor, son sólo el comienzo. Para la visita hay que tener en cuenta la hora, cada una de estas majestuosas construcciones tiene su momento, según la luz que proyecte el sol.

La antigua Tebas era la capital del Imperio Medio, aquella que rendía el culto a Amón.

Lo que no puedes perderte

Museos y galerías

Museo de Luxor

Corniche el Nill

Se trata de uno de los museos más completos de Egipto. En el se recoge una buena colección de joyería, muebles, estatuillas… procedentes de los distintos yacimientos arqueológicos de Tebas y de las necrópolis cercanas. Aunque cuenta con una colección permanente, hay ciertas exposiciones que van cambiando por el acuerdo que tienen con el Museo de Brooklyn de Nueva York. Entre las joyas del museo, están la tumba y la cabeza de granito de Amenhotep III (1390 – 1352 a.C.), el abuelo de Tutankamón . Ambas fueron extraídas de la tumba del faraón. Después, la mirada se enfoca en una estatuilla de madera pintada en negro y oro. Es una de las representaciones de la diosa Hathor, encontrada en la tumba de Tutankamón. Una vez se llega a la primera galería, dos son las figuras que atraen la atención. Por un lado está la representación de Tuthmosis III (1479 – 1425 a.C.), extraída del Templo de Karnak.

Del Templo de Sobek procede el segundo conjunto escultórico realizado en alabastro, representación de Amenhotep III, Sobek y uno de los cocodrilos sagrados. Una de las figuras más características del reinado de Amenhotep es, sin duda, Hapu, el principal escriba del faraón. Fue uno de los impulsadores y principales constructores de los edificios de la antigua Tebas. Muy cerca del conjunto escultórico anterior, puede verse su escultura realizada en gratino. El Muro de Akhenaten proviene del Templo de Karnak. Amenhotep IV contribuyó así a continuar la tradición de sus antepasados hasta que decidió cambiar su sede de Tebas a Tell al – Amarna y cambiar su nombre por el de Akhenaten.

Cada uno de los ‘talalat’ está bellamente decorado con escenas de la vida del faraón y de su esposa Nefertiti, reproduciendo muchos de los ritos sagrados que llevaban acabo en honor de los dioses. Es muy probable que los muros estuviesen destinados al Templo de Aten. Después de la muerte del emperador, que había deshonrado al panteón egipcio y a los faraones anteriores, la parte que Akhenaten había construido fue derriba y utilizada para construir uno de los pilones del Santuario de Karnak. Allí sería encontrado en los años sesenta. El Museo de Luxor acoge mucho más que esto. Por ejemplo, parte de los colosos de Akhenaten y los fabulosos tesoros encontrados en la única tumba que se encontró sin profanar, la de Tutankamón . En este tesoro se incluyen figurillas de criados, sandalias, flechas y numerosas piezas de bronce.

Antes de la salida hay una exposición de las estatuas que se encontraron en el Templo de Luxor en 1989. Son dieciséis representaciones en total pues las otras seis se encuentran en otros museos. De ellas destacan la representación del poderoso Amenhotep III en cuarzo y la de la diosa Hathor, en diorita. También hay una de el faraón nubio Taharqa.

Museo de la Momificación

Frente al Hotel Palace, en el Corniche de Luxor, se encuentra situado el museo dedicado a una de las artes egipcias más conocidas, la momificación. Si bien es cierto que no fue el único pueblo que practicaba este arte, también lo es que consiguieron una destreza absoluta en él, superando a otras culturas. En el museo se ofrecen todo tipo de videos y descripciones relativas a la momificación, así como todo el proceso y su significado. Aquí se guarda una de las momias más antigua, la de Amun, de la dinastía XXI. Además de varias de animales momificados y los utensilios que utilizaban para impedir la putrefacción del cuerpo. Los animales, al menos al principio, eran momificados por el amor que se tenía a las mascotas. Sin embargo, parece que con el tiempo se fue complicando porque existen toros, gatos, cocodrilos y muchos tipos de animales más embalsamados. Esta costumbre fue trasladada a los griegos con el tiempo. El dios del embalsamamiento era Anubis a quien se representaba normalmente como un jacal. En la entrada del museo hay una representación de él en oro. Anubis fue el que ayudó a Isis a embalsamar a Osiris, el primero en la historia.

El proceso de momificación

Más de cuatro mil años embalsamando, de ahí el arte de este pueblo. Según los últimos estudios, el proceso de momificación tiene mucho que ver con el desierto. Antes de la costumbre de construir tumbas para preservar los cuerpos, los cadáveres eran simplemente enterrados en la arena del desierto. De una forma natural y debido a la falta de humedad, estos cadáveres no se corrompían del todo y, a veces, pasados unos años, era posible reconocerlos. Hacia el año 2.600 a.C., comenzaron a construirse las primeras tumbas, lugares especiales parar pasar la vida de ultratumba. Sin embargo, la arena del desierto no podía impedir la putrefacción del cuerpo, de ahí la necesidad de los embalsamamientos artificiales. Poco a poco el proceso fue complicándose hasta llegarse al más elaborado. Primero se sacaban todos los órganos internos menos el corazón y los riñones. El corazón era la sede de la inteligencia según las más antiguas creencias.

Una vez separado el cuerpo y los órganos, se dejaban secar por cuarenta días. Por último, se introducían en una especie de conservante fabricado a base de aceites, especias y resinas. Al cuerpo se le colocaban los amuletos necesarios para su protección y buena suerte en la vida de ultratumba y se realizaban los ritos necesarios para que funcionase. Cuando todos los órganos vitales estaban colocados en las vasijas – brillantemente decoradas- el cuerpo era depositado en el sarcófago. Más tarde tenía lugar el funeral. Es el momento de la ceremonia ‘Apertura de la Boca’, para conseguir que el alma volviese a la vida y recuperara los sentidos. Las ofrendas eran depositadas junto al cadáver para ayudar al alma y llevar mensajes a los dioses.

Yacimientos arqueológicos

Templo de Merneptah

Situado frente al Hotel Marsam, son los restos de un antiguo templo que está siendo remodelado. Se dedicó a uno de los hijos de Ramsés II, Merneptah (1213 – 1223 a.C.). Aquí fue donde apareció la Estela Israelita, el primer texto en egipcio que menciona a los israelitas. En el pequeño museo situado a la entrada pueden verse los restos encontrados por el templo, fragmentos de paredes con relieves policromados y estatuillas, además de distintos diagramas que explican la primitiva construcción.

Complejo Monumental de Karnak

Probablemente estemos ante uno de los santuarios más grandes de la historia, un inmenso complejo monumental construido con ladrillos crudos, de ocho metros de grosor. Se accedía al interior por medio de ocho puertas abiertas en los muros. Su tamaño es impresionante, un kilómetro y medio de largo por ochocientos metros de ancho. Se calcula que dentro se podrían construir unas diez catedrales. Más de mil quinientos años tardó en construirse este santuario, dedicado a los principales dioses egipcios y a los faraones, durante el tiempo en que Tebas era una de las ciudades más desarrolladas de África. El gran santuario estaba formado por el Templo de Amón más otros veinte templos y santuarios más pequeños, unos dedicados a las divinidades y otros a los faraones. Contaba con dos enormes obeliscos, el escarabajo gigante de Amenofis III, diez pilones, patios intermedios, numerosas salas y otras edificaciones. El complejo ocupaba un total de veinticinco hectáreas. El santuario más grande de Egipto tenía que estar dedicado, como no podía ser de otro modo, al gran dios, Amón - Ra, el dios del sol. Aunque sus orígenes se remontan al Imperio Medio, la mayoría está construido bajo los cánones del Imperio Nuevo. Al adentrarse en el templo e ir pasando por las diferentes salas, la mirada se detiene en la increíble decoración del interior: figuras de guardianes fuertemente policromados, escorzos con ángulos fantásticos, restos de pinturas... Algunas de sus principales atracciones son:
El Recinto de Amón: Formado por el Templo de Amón y los dedicados a su mujer Mut y su hijo Khons, en su interior hay un gran lago sagrado además de la Sala Hipóstila. Entre los distintos templos había avenidas sagradas flanqueadas por largas filas de esfinges. Sin embargo, sólo una parte está excavada y lo demás queda enterrado bajo la arena.
La Sala Hipóstila: Está formada por ciento treinta y cuatro columnas. Justo en la nave central se encuentran las más trabajadas, doce columnas papiriformes.
Muralla: Las murallas que rodeaban el recinto permiten conocer el sistema de plano inclinado que se utilizaba para construir los muros más altos.
Templo de Ransés II: Tras atravesar la entrada principal, pasadas las amplias filas de carneros petrificados, aparece el templo de Ramsés II. A la entrada, dos grandes colosos representan al faraón. Una vez en su interior sale al paso la estatua de Ramsés II, con sus quince metros de altura. Está acompañado de su hija Bent – Anta.
Bosque Lítico: Con este nombre se conoce al patio formado por 134 fustes, doce de ellos con los capiteles de papiro abierto, el resto con las hojas cerradas.
Sala de las Fiestas: A pesar de estar construida durante el Imperio Medio, está separada del resto de construcciones de su época. Está dedicada a Thutmosis III y rodeada por las salas solares.
Sagrario de las Barcas Solares: Tenía la función de puerto de las barcas sagradas de Amón, Mut y Khonsu; está justo antes del patio del Imperio Medio.
El Tercer Pilono: Precede el patio de Amenofis III y en su primitiva construcción había cuatro obeliscos de granito rosa. Hoy sólo queda uno, con 23 metros de altura y 143 toneladas de peso.
El Patio Grande: Recibe su nombre de su extraordinario tamaño: 100 por 180 metros. En su interior acoge dos pórticos (uno hacia el norte y otro hacia el sur) y dos filas de esfinges, el templo de Ramsés III y el coloso de Ramsés II delante del segundo pilono.
La Avenida de los Carneros: Es la entrada al Gran Templo de Amón en Karnak. Su nombre procede de las cuarenta esfinges con cabeza de carnero situadas a lo largo de la amplia avenida.
Museo al Aire Libre: El Relicario de la Reina Hatsepsut o la Capilla Blanca de Sesostris, son sólo algunos de los atractivos de este museo.
Escarabajo: La gigantesca figura del animal sagrado para los egipcios atrae a todos los visitantes. Según antiguas creencias, hay que dar tres vueltas en el sentido contrario a las agujas del reloj para que los deseos se cumplan.
Obelisco de Hatsepsut: Admirable es la construcción de este gigantesco homenaje a la faraona; los juegos de perspectivas y los halcones voladores son una auténtica maravilla.
Templo de Senusret: Construido durante la dinastía XII, durante el reinado de Sesostris I, es la parte más antigua del complejo. Destaca por la Barca Sagrada y el Patio de Amón.

Templo de Luxor

Tras pasar el obelisco, se llega a la estatua de Ramsés II, y tras ella a los dos colosos del faraón.

El primer patio precede a las catorce columnas campaniformes. Después se encuentra el Patio de Amenofis III, la Sala Hipóstila, el Vestíbulo, la Habitación de Ofrendas, el Sagrario, la Cámara de Amenofis III, la Sala de Columnas y la Sancta Sanctorum. Hasta 1883, el templo permaneció oculto bajo las arenas del desierto; después fue rescatado, y así se conserva gran parte de la primitiva construcción, realizada en honor de los tres dioses protectores de Tebas, Amón, Chons y Mut. Este templo fue levantado durante los reinados de Amenofis III, Tutankamón , Horemhem, Ramsés II y Alejandro Magno. Amenofis III (1390 - 1352) fue su principal constructor, ya que la parte más amplia del santuario fue levantada durante su reinado. Sin embargo, la primitiva construcción es anterior.

La faraona Hatsheptut había erigido un templo a la orilla del Nilo, en honor a Amón, Mut y Khons. Amón era la principal deidad de Tebas, el dios de la Creación. Ra era el dios del Sol. Con la fusión de ambos nació Amón – Ra, el principal dios del panteón egipcio. Mut era la diosa madre y Khons, el hijo de ambos, era el dios de la luna. Según ordenaba la costumbre, una vez al año Amón salía acompañado de Mut y Khons desde Karnak en dirección a Luxor. Allí, el faraón tenía que encontrarse con Amón para restablecer sus poderes divinos. Amenofis III agrandó el templo y se lo dedicó, de nuevo, a Amón. Sin embargo, esta vez el dios estaba acompañado de su ‘ipse’ o harem que incluía a otras divinidades. Finalmente, a lo largo de cientos de años, Tutankamón, Ramsés II e incluso Alejandro Magno, irían añadiendo más secciones. Mucho después, el jeque árabe Al – Uqsur construyó un fuerte alrededor. Fue entonces cuando tomó el nombre de Luxor.

Ya en el siglo XIV, se construyó una mezquita en los patios interiores, dedicada a Abu al-Haggag. A través de la avenida de las esfinges, llegaban los sacerdotes al templo. Cada año se celebraba la procesión en honor del dios Amón- Ra. En realidad, la avenida de esfinges era mucho más amplia pues llegaba hasta donde está el Templo de Karnak. Tenía tres kilómetros de longitud aunque en la actualidad solo se conserva una tercera parte. Más que un templo, Luxor era un palacio donde se adoraba al faraón como si de un dios en vida se tratase. El templo tiene como peculiaridad su forma, es largo, 230 metros, y estrecho. Al acercarse al templo, una enorme estatua aparece tumbada en el suelo. Está medio deteriorada pero se aprecia la majestuosidad que debió tener en sus orígenes, con sus 11,65 metros de altura.

Es una de las representaciones de Ramsés II, una de las que adornaba la entrada al Templo de Luxor. La otra está situada en París pues Mohammed Alí se la regaló al rey francés Luís Felipe para que la pusiese en la Place de la Concorde en 1831. Detrás de la entrada se levanta la Mezquita de Abu el-Haggag. Es por eso por lo que el templo no ha sido excavado del todo. Fijándose en los bellos relieves hititas, se aprende como se representaba la Batalla de Qadesh o todos los rituales que se llevaban a cabo en el templo en honor de los faraones. El templo, dedicado a Amón – Ra, el astro solar y principal dios del panteón egipcio, es testigo cada tarde del mismo ‘milagro’: un rallo de luz desciende hasta rozar el coloso en granito negro de Ramsés II sentado en su trono en la entrada de la columnata campaniforme. El mismo rayo de sol ilumina, uno a uno, las columnas, colosos, relieves de Ramsés II, Nefertari, Amenofis III y Tutankamón, cada uno de los faraones que participaron en su construcción. Así, la piedra se convierte en fuego cada atardecer, en la bella Tebas.

Moverse por la ciudad

Estación de autobús

Sharia al - Karnak

Tiene conexión diaria (unas seis veces) con El Cairo y con Asuán. Con menos frecuencia llega hasta Qena, Hurghada, Safaga, Kom Ombo, Suez, Balyana, Abydos y Kharga. Estación de tren

Midan al Mahatta

Tiene conexión frecuente con El Cairo. Existen varias compañías, una de las mejores es el Wagons Lit Sleeper. Estos mismos trenes paran en Qena, Sohag, Asyut, Mynya y Beni Suef. También hay viajes a Asuán, Carga, etc.

Barco

Las falucas recorren el río Nilo y hay muchas disponibles para ir a cualquiera de los yacimientos.

Taxis

Es el mejor modo de ir a determinados puntos de la región, como Asuán, Esna, Edfu, Ombo, Quena, etc. La estación principal está en la Estación de Sharia al – Karnak.

Coches de caballos

Las ‘hantour’ o ‘caléchece’, también se pueden alquilar para ir los yacimientos arqueológicos

Bicicleta

Es uno de los medios de transporte de Luxor más frecuentes. Se puede alquilar bicicletas en cualquier hotel además de las diversas oficinas que hay por la ciudad.

En los alrededores

El Valle de los Reyes

El atardecer o el amanecer son las horas más propicias para acercarse al reino de los muertos, a la orilla dedicada a la vida de ultratumba. El Valle de los Reyes es un gigantesco parque arqueológico donde se han encontrado hasta el momento, sin descartar que haya más, 62 tumbas. Todas ellas pertenecen a los faraones de las dinastías XVIII, XVIII y XX, los gobernantes del Imperio Nuevo que se extendió entre el 1550 y el 1076 a.C. Está situado a unos 25 kilómetros de Tebas, justo al pie de una montaña con forma de pirámide. Es una zona árida que en nada se parece a las tierras colindantes al río. Las tumbas, hondos orificios excavados en el monte, no están abiertas al público en su totalidad.

El Valle de las Reinas

Las reinas y los príncipes que no llegaron a faraones tienen su propio cementerio. El Valle de las Reinas que acoge hasta setenta tumbas distintas. La Tumba de Nefertari es quizás, la más hermosa pero tiene un aforo limitado. Después se puede visitar la Tumba de Amón-Her. Hjopeshef, uno de los hijos de Ramsés III, la Tumba de Titi y la Tumba de Khamuas. A pesar de ser más pequeñas y menos lujosas que las del Valle de los Reyes, siguen siendo pequeñas maravillas que merecen una visita.

A 700 Km al sur de El Cairo y a orillas del Nilo, se halla Luxor, llamada Al Qosur (los palacios) por los árabes, y Tebas por los antiguos egipcios. Capital del Imperio Nuevo, fue cuna del culto al dios Amón. A ambas orillas del río los faraones de la época levantaron grandiosos templos, como Karnak, construido durante más de 2000 años y el templo de Luxor obra de Amenofis III también consagrado al dios Amón y conectados ambos por una avenida de esfinges. La orilla occidental fue el lugar elegido por los faraones para sus lugares de enterramiento. En esta orilla se alzan otros muchos templos como Medinet Habu, obra de Ramsés III; el Ramsseum construido por Ramsés II y el pequeño templo de Seti I; Deir El Medinah, donde vivían los trabajadores que excavaron las tumbas de los faraones; Deir El Bahari, emplazamiento del templo de la reina Hatshepsut; el Valle de los Nobles, con varias tumbas muy interesantes como la de Ramose; el Valle de las Reinas, con tumbas tan espectaculares como la de Nefertari y por último, el famoso Valle de los Reyes, lugar elegido por los faraones de este imperio para excavar sus moradas para la eternidad. Entre estos destacan las tumbas Tutankhamon, Seti I, Ramsés II, Horemheb, Tutmosis III, etc.


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