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Túnez

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Cartago (Túnez)

Cartago (del fenicio Qart-Hadašh, la "Ciudad Nueva", escrito sin vocales en el púnico como <qrt hdšh>) fue una ciudad de la Antigüedad, situada al norte de África. Según la tradición, Cartago fue fundada por exiliados de la ciudad fenicia de Tiro en el año 814 adC , en una antigua península que delimitaba uno de los bordes del actual golfo de Túnez, un lugar escogido y seleccionado por ser fácilmente defendible y situado geoestratégicamente en las rutas comerciales que mantenia Tiro en esa época. La ciudad de Cartago estaba situada en el territorio ocupado en la actualidad por Túnez. Fue fundada por los comerciantes fenicios de Tiro y, según la leyenda, por la princesa Dido (o Elisa), hermana de Pigmalión. La colonia llegó a alcanzar tal importancia comercial que rivalizó con las propias metrópolis fenicias. A su alrededor se erigió el Imperio Cartaginés, la más importante potencia marítima del Mediterráneo Occidental hasta las Guerras Púnicas. Cuenta la leyenda que Cartago fue fundada en el 814 adC por Elisa o Dido, hermana de Pigmalión, rey de Tiro. Dido había escapado de la ciudad de Tiro, en Fenicia, porque su hermano Pigamalión ambicionando un tesoro de Siqueo, esposo de Dido, la obligó a convencer a Siqueo de que le revelara su ubicación. Dido le dijo a Pigmalión que buscara el tesoro en un lugar equivocado y él, confiado, asesinó a Siqueo y corrió a buscar el tesoro en un lugar mientras Dido lo desenterraba de su verdadera ubicación. Con el tesoro y sus seguidores se embarcó a las costas mediterraneas del Africa (Dux facti erat femina. Era una mujer la que dirigía la empresa). Arribó a la región habitada por los libios y les convenció le obsequiaran una porción la tierra para fundar una ciudad y prometieron regalarle lo que ocupara una piel entera de buey. Ella mandó a cortar la piel en finas cuerdas y así demarcó los grandes límites de lo que se convertiría en Cartago. Hay dos versiones de su muerte. La primera afirma que Jarbas, el rey de los libios, quiso casarse con ella. Pero Dido, fiel al recuerdo de su esposo, se suicidó apuñalándose en el corazón. La otra versión es la que aparece en la Eneida de Virgilio. En ella se relata cómo Dido, abandonada por Eneas, se clava la espada de éste en el estómago y se lanza a la pira donde había ordenado quemar las posesiones de Eneas, abandonadas en Cartago. Cartago era gobernada por una oligarquía comercial, no muy diferente de la República de Roma, aunque no se conocen muchos detalles. Las cabezas del estado eran los sufetes (literalmente, "jueces"; los escritores romanos se refirieron a ellos como "reges", reyes), que podría haber sido originariamente el título de los gobernadores de la ciudad asignados por la ciudad madre de Tiro. En los inicios, los sufetes eran capitanes militares, además de realizar funciones judiciales y administrativas. Fueron perdiendo gradualmente las funciones militares, hasta desvincularse por completo. El siguiente órgano de gobierno era el Consejo (συγκλητος), constituido por varios cientos de individuos. Las familias acaudaladas e influyentes se hallaban representadas en el mismo. El Gran Consejo nombraba a la mayor parte de los cargos de la ciudad, como el Senado de los Cien (γερουσια), un comité selecto que dirigía todos los procesos del Consejo, o las Pentarquías, grupos de cinco individuos que se ocupaban de los departamentos estatales y cubrían vacantes en el Senado. El Senado o Consejo de los Cien era sin duda el órgano con más poder, compuesto en su totalidad por poderosos aristócratas. Su gobierno se orientaba más a prevenir la acumulación de poder en manos de individuales ambiciosos que a aumentar los derechos civiles o mejorar las condiciones sociales del pueblo. El pueblo, sin embargo, estaba contento. Por medio de una Asamblea, elegía anualmente a los sufetes bajo ciertas restricciones, a los generales con libertad, y probablemente cubrían vacantes en el Gran Consejo. En el caso de que el Consejo y los sufetes no se pusieran de acuerdo, la asamblea discutía y determinaba medidas políticas. Las cuestiones militares, como tratados de paz, declaraciones de guerra y similares, eran llevadas a menudo a la asamblea, aunque no necesariamente. Eratóstenes, director de la Alejandría, advirtió que los griegos habían estado equivocados al considerar a los demás pueblos (bárbaros) , viendo que tanto los cartagineses como los romanos poseían una constitución. Aristóteles también supo de la Constitución Cartaginesa y escribió sobre ella en uno de sus libros. El libro se perdió, pero algunas descripciones de su contenido han sobrevivido. Es importante destacar que Cartago jamás olvidó sus lazos con la metrópoli Tiro. A pesar de ser, a partir de cierto momento, más poderosa que la ciudad madre, Cartago pagó impuestos a Tiro y la ayudó en los momentos de mayor debilidad, como cuando Asiria la amenazaba. Otro hecho que demuestra que las colonias fenicias (como Cartago) eran, en cierta forma y al menos en sus comienzos, política y administrativamente dependientes de la metrópoli se comprueba cuando algún soberano extranjero conquistaba sus ciudades de origen: en ese momento se autoproclamaban reyes de las colonias occidentales. Se conoce, además, que Cartago llevó botines de guerra (Sicilia) al templo de Melqart en Tiro, como ofrenda al dios patrón de la ciudad fenicia. Cartago fue conocida entre sus vecinos por el sacrificio de niños. Esta práctica es mencionada por Plutarco, así como Tertuliano y Diodoro Sículo[cita requerida]. No así por otros historiadores como Tito Livio o Polibio. Las excavaciones arqueológicas modernas parecen haber confirmado la versión de Plutarco: Se estiman en unas 20.000 las urnas depositadas entre el 400 adC y el 200 adC en el cementerio de niños denominado Tofet. Las urnas contenían huesos de recién nacidos y, en algunos casos, de fetos y niños de 2 años, indicando que si el niño nacía ya muerto, el hijo más joven debía ser sacrificado por los padres. Otras teorías defienden que simplemente, se trata de los restos calcinados de hijos que fallecieron de muerte natural. A la vista de otras evidencias halladas en Canaán, esta teoría parece menos probable. Parece ser que el lugar elegido para el Tofet fue el mismo donde la reina fundadora de la ciudad, Elisa, se inmoló (ver Fundación de Cartago). Es, quizá, por esa autoinmolación que apareció la tradición del Tofet. Otro caso parecido fue el de la mujer de Asdrúbal, el general derrotado en la última Guerra Púnica, que se lanzó a las llamas con sus hijos desde lo alto del templo de Eshmún, último bastión de la resistencia cartaginesa, cuando los soldados romanos ya habían entrado en la ciudad. Por otra parte, los dioses principales de la ciudad fueron: Melqart (patrón de Tiro), Ashtart (Astarté), pero sobre todos los demás se encontraba Tanit ("La Señora"), asociada al señor Baal Hammón. A este último se ofrecían los sacrificios humanos rituales denominados molk (o molek).

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