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Madeira, un Edén en medio del Atlántico
El jardín tropical de Monte Palace
Como la mayoría de las quintas contaban con amplios jardines de varias hectáreas, algunos de ellos han sido adquiridos por organismos oficiales y transformados en jardines públicos o privados. Uno de los más representativos es el Jardín Tropical de Monte Palace, situado en una barranca verde esmeralda. Sus sinuosos caminos decorados con elementos ornamentales orientales nos llevan a descubrir más de 100.000 especies botánicas (atrévete a contarlas todas), entre las que destacan gran variedad de azaleas, helechos y la milenaria laurisilva, una especie de laurel salvaje que sólo se encuentra aquí y en la isla de La Palma en las Canarias. La quinta de estilo castillo fue visitada por Isabella de Francia en su época de hotel, muy apreciado entonces para el tratamiento de la tuberculosis. Para llegar aquí puedes tomar el moderno funicular desde el que podrás disfrutar de las increíbles vistas. Y para bajar nada mejor que lanzarse en canasto. Un par de fornidos mozos vestidos de blanco y con gorrito de paja te acompañarán en esta trepidante bajada en una cesta en la que caben dos personas y que se desliza por unas estrechísimas carreteras a las que tanta bajada les ha sacado brillo. Cuidado: no es apta para cardíacos.
Una colección de quintas con encanto
Charming Hotels es una exclusiva cadena que cuenta con una colección de quintas de cuatro y cinco estrellas donde prima el buen gusto. Lo de ¿charming¿, que en inglés quiere decir encantador, es un nombre que no ha sido elegido al azar. Para empezar te recibe el director del hotel, y nada más entrar en tu habitación te encuentras una botella de vino de Madeira descorchada. No está mal ¿no? La Quinta das Vistas se llama así porque el panorama sobre Funchal y el mar al fondo es inolvidable, sobre todo la vista al anochecer desde el restaurante-terraza. La Quinta do Estreito es un tradicional palacete madeirense pero con unos detalles que la hacen particularmente agradable, como un desván acondicionado como habitación que ya hubiéramos querido muchos pillar de niños (¡o de mayores!). La decoración neo-imperio ha sido realizada por profesionales que no han dudado en incorporar antigüedades europeas y orientales. Y lo de la piscina rodeada de cipreses y plataneras mirando al mar es para morirse de gusto. La Quinta Perestrello está en plena la capital, Funchal. Muy práctico si te apetece estar en un entorno elegante, pero cerca de la marchilla o sencillamente a pie de calle.
Quintas campestres
Si por el contrario lo que te mola es el campo, la Quinta do Monte (también de Charming Hotels) se encuentra en un entorno único. La casona pintada de rojo contrasta con la exhuberante naturaleza que la rodea, un frondoso y cuidado jardín arbolado donde abundan las palmeras, papayas, cáctus, acacias y hortensias. La capilla original, en un rincón del parque, ha sido restaurada en todo su esplendor. Y si lo que definitivamente vas buscando es perderte, la Quinta Vale do Til, a 500 m. de altura, está perdida en las montañas de Campanário a 25 Km. de Funchal. Aquí no hay más que naturaleza y unas vistas que quitan el hipo sobre el Vale da Ribeira Brava. A 50 m. está la Levada do Norte, los estrechos caminos de agua madeirenses creados por los campesinos para irrigar los campos. No busques lujos, sólo hay 4 cuartos para tí y tus amigos. Siéntete en contacto con la naturaleza y piérdete en ella. Quien sabe, a lo mejor no quieres volver.
Quinta do Monte o Jardins do Emperador
La verdad es que los ricos y famosos (los de verdad, no los horteras de la ¿Jungla de los Famosos¿) siempre se han sentido atraidos por Madeira. ¿Y dónde mejor hospedarse que en una de estas exquisitas quintas? La reina Adelaida de Inglatera, la emperatriz del Brasil y el duque de Leuchtenberg residieron en la Quinta Vigia, actualmente residencia oficial del Gobierno Regional de Madeira. La Quinta do Monte o Quinta Cossart fue mandada construir en 1826 por un británico, James Gordon. Luego fue pasando de mano en mano, pero siempre manteniendo un aspecto romántico entre encantadores jardines. En 1921 la mansión fue ofrecida al Emperador Carlos de Austria, quien se refugió en ella con toda su familia. Desgraciadamente pudo disfrutar muy poco de ella porque murió al año siguiente y fue entrerrado en la Iglesia del Monte. El que sí va a poder disfrutar de ella vas a ser tú porque a partir de este año ha sido abierta al público. Y desde el 2006 se convertirá en un exclusivo hotel con tan sólo 7 suites de lujo.
Quintinha São João
A tan sólo 1 Km de Funchal se encuentra esta quinta. El diminutivo de su nombre no se corresponde con el hecho de que sea un hotel de cinco estrellas que además combina a la perfección lo antiguo con lo moderno. El edificio ha sido renovado por completo teniendo en cuenta los últimos adelantos (aire acondicionado, televisión por cable, etc.). Sus amplias estancias están decoradas siguiendo un sobrio gusto en el que destacan las antigüedades. Si te aburres date un bañito en la piscina rodeado de hamacas blancas, madera de teka y frondosos árboles, juega al billar o échate un partidito de tenis. Y si tienes hambre en su restaurante ¿A Morgadinha¿ puedes degustar platos típicos de Goa, la ex-colonia porguesa de la India. Si no te gusta la comida picante, puedes pedir cualquier otra cosa, porque todo está buenísimo.
Jardins do Lago y las guerras napoleónicas
¿Qué te parecería dormir en una cama con dosel? ¿Y despertarte con un desayuno de película mientras el sol baña una habitación de tonos cálidos? ¿Qué tal cenar en un restaurante desde cuyos muros te observan pinturas de varios siglos? ¿Te gustaría bañarte en una piscina atravesada por un puente de madera de estilo japonés? ¿Sí? pues entonces tienes que venir a los Jardins do Lago o lo que es lo mismo, la Quinta da Achada, un pequeño hotel de cinco estrellas-lujo. La quinta fue construída en el siglo XVIII y sus propietarios han sido famillias madeirenses, francesas y británicas. Durante las guerras napoleónicas el jefe de las tropas inglesas, el general Beresford la eligió como su residencia oficial. De su estancia todavía quedan algunos muebles que decoran las zonas nobles. De hecho, el interior de la casa principal (para albergar 31 habitaciones y 9 suites ha sido necesario ampliarla) significa un paseo por la historia ya que ha sido redecorado manteniendo el aspecto original. Y de los jardines baste con decir que contienen un montón de especies vegetales, un lago con cisnes y una tortuga gigante que hace más de 45 años que se pasea por el cesped.
Si ya no soportas más la vulgaridad ni la rutina ni el stress, las quintas madeirenses son el refugio ideal. Que se lo pregunten a la emperatriz Sissi, que estaba loca por Madeira. Anímate y vive unos días como un noble o como un emperador en el exilio.
La esencia de una quinta
Te estarás preguntando qué es una quinta. No, no tienen nada que ver ni con la quinta del Buitre ni con la que viene después de la cuarta. La quintas de Madeira son las antiguas y lujosas residencias de hombres adinerados de otra época enmarcadas en bosques ajardinados. Muchas de ellas pertenecieron a comerciantes y nobles británicos que se enamoraron de la frondosidad y belleza de la isla, decidieron instalarse aquí e importaron -como siempre¿ sus muebles, tradiciones y amor por la jardinería. En el siglo XIX y principios del XX muchas de estas haciendas se convirtieron en refugios de nobles, reyes, emperadores y artistas que venían a Madeira para curar su tuberculosis. En los últimos tiempos un buen número de quintas han sido transformadas en pequeños hoteles de 4 ó 5 estrellas manteniendo el sabor de su pasado o han sido recuperadas y modernizadas pero siempre guardando sus señas de identidad. Además, como la isla de Madeira es una pura montaña verde, todas las quintas tienen unas vistas espectaculares.
La Quinta do Bom Sucesso y el Jardín Botánico
Para hacernos una idea de cómo eran las quintas de antaño no hay más que visitar la Quinta do Bom Sucesso, cuyos jardines han sido transformados en el Jardín Botánico de Madeira. A él se accede a través de una verja y unos gruesos y húmedos muros de piedra que dejan entrever parte de la voluptuosa vegetación que alberga. Una vez dentro (hay que pagar entrada, pero merece la pena), atravesando caminos empedrados y rodeados de altísimos árboles, pasamos por delante de la quinta que se eleva ufana sobre un promontorio. La mansión pertenecía desde el siglo XIX a la familia Reid, hasta que fue adquirida por gobierno. La simbiosis entre la villa y los frondosos jardines dispuestos en bancales es perfecta. Dragos centenarios, esbeltas palmeras, sterlitzias (aves del paraíso), los cáctus más variados, orquídeas, y así hasta 2.000 especies se unen armónicamente en este jardín de las delicias. En uno de los bancales flores y plantas de colores forman líneas y dibujos de colores vibrantes que parecen diseñados por un pintor. Desde cualquiera de las terrazas se puede apreciar una vista impresionante del puerto Funchal, la capital de la isla. No te pierdas la puesta de sol desde aquí.
Quinta da Bela Vista, residencia de famosos
Lo cierto es que la arquitectura exterior de las quintas no es espectacular, sino más bien discreta. Son casas de dos o tres plantas, pintadas de blanco, amarillo pálido o rosa, contraventanas verdes y tejados de teja. Pero los jardines son tan íntimos, tan floridos, tan mimados que las casonas se transforman en elegantes palacetes. Sus interiores están exquisitamente cuidados en todos los sentidos. La Quinta da Bela Vista es el perfecto ejemplo. Parece mentira que a sólo 3 Km de Funchal se encuentre tal remanso de paz. La quinta está decorada con antigüedades, mobiliario inglés y tapicerías en tonos crudos. Cada habitación es distinta de la anterior (¿cuál elegir, Dios mío?), algunas con frescos en los techos, y todas se asoman a los jardines de 2 hectáreas que albergan fuentes rumorosas, esculturas y escondites para enamorados. En su libro de visitas se pueden encontrar firmas de actores y actrices famosos así como de algún jefe de Estado (Aznar estuvo aquí...). En fin, que si quieres perder el sentido no tienes más que abandonarte al placer de hospedarte aquí. Eso sí, prepara el bolsillo, aunque... ¿por qué no tirar la casa por la ventana de vez en cuando en esta vida? Y si te quieres sentir como Onassis, alquílate su yate, el Gavião, por un día y conoce la isla y sus acantilados desde el mar.
Estamos a casi 1.000 kilómetros de la costa de Portugal, pero la civilización parece más lejana que la simple distancia geográfica. Aquí todo es paz y encantos naturales. La lujuriante flora que cubre las montañas esmeraldas de la isla son la mejor bienvenida que podemos recibir.
Madeira en sí es un archipiélago formado por cuatro islas, pero la principal es la que da nombre al conjunto. No es una isla muy grande, pero sí muy interesante. Para empezar, las más de doscientas levadas de agua que atraviesan, entre valles y montañas, la isla son perfectas para hacer rutas de senderismo.
Paso tras paso, vamos descubriendo una isla por la que ya pasaron, entre otros, personalidades como la emperatriz Sissi y Winston Churchil. Ellos son sólo algunas de las personas que disfrutaron esta isla encantadora, que desde diciembre de 1999 es Patrimonio Natural de la Humanidad.
Se dice de Madeira que es la isla de la eterna primavera, y es verdad, porque el clima es perfecto, con unas temperaturas muy moderadas, siempre entre los 23 y los 19 grados. Quizá por eso el talante de sus gentes es tan amable, siempre dispuestas a saludarte y a tenderte la mano.
Madeira es un lugar ideal para relajarse y descansar. Contemplar tranquilamente las aguas cristalinas del mar proporciona un sosiego que es difícil de encontrar en otros lugares. Sus pueblos se levantan alrededor de sus iglesias, siempre adornados por las típicas casas madeirenses rodeadas por jardines tropicales.
Si se quiere un poco de marcha, nos podemos acercar a la capital. Funchal es la ciudad más bulliciosa de la isla, pues aquí vive más de la mitad de la población. Asentada sobre una bahía, las casas de Funchal cuelgan sobre las colinas que descienden al océano. Hay monumentos que no se pueden dejar de ver, como las iglesias de San Juan Evangelista y Santa Clara, aunque para entablar contacto con los lugareños lo mejor es perderse por el Mercado dos Lavradores, donde el trabajo de los vendedores se mezcla con el colorido de las flores y de las frutas.
Desde Funchal, el acceso a cualquier punto de la isla es fácil y rápido. Serpenteando por sus carreteras, vemos riachuelos, levados, prados y montes. Y en el centro de la isla, dos conglomerados montañosos volcánicos que sobrepasan los 1.800 metros de altitud. Desde aquí arriba hay unas maravillosas vistas de la isla y del manto verde que la cubre.
Lo mejor es andar sin prisas para descubrir los secretos de Madeira. La vegetación es muy exótica, con especies florales únicas de la isla, como la laurissilva. El paisaje es un auténtico mosaico de colores, un paraíso virgen.

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